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Del pánico a la euforia

Rubén Gil

Decía André Kostolany, al que le gustaba auto definirse con un especulador de la Bolsa, que en los mercados no hay que seguir los acontecimientos con los ojos si no con la cabeza. Una afirmación muy útil también para nuestra vida diaria.

Viene a ser como aquello de los árboles que impiden ver al bosque. Y es lo que ha pasado en las últimas semanas, que mientras mirábamos a las ramas, la Bolsa americana volvía a las andadas y el Nasdaq decía adiós a las importantes pérdidas acumuladas por culpa del coronavirus.

El índice tecnológico acumula más de un 30% de subida desde finales del mes de marzo gracias al empuje de compañías como Amazon, Netflix o Microsoft. El confinamiento provoca que la gente no salga de cosa para comprar más que lo imprescindible, ni que tampoco viaje en avión, ni cene en restaurantes o se cambie de coche, pero no impide que sigamos consumiendo tecnología. Al contrario.

Habrá un buen número de inversores a los que la rentabilidad les habrá sonreído durante el último mes comprando barato y aprovechando el pánico de otros. Ya saben que el miedo en la Bolsa se cura a la largo plazo.

La clave ahora es intentar anticipar si Wall Street ya ha hecho suelo y se dispone a regalarnos otro año alcista. En el punto de mira los 30.000 puntos del Dow Jones. Está a un 20% de alcanzarlos. Puede parecer mucho sobre todo teniendo en cuenta que aún tenemos el susto metido en el cuerpo. Pero con Donald Trump en campaña electoral y la Reserva Federal regando la fiesta de ponche, todo es posible.