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¿Desescalada o despeñamiento?

Rubén Gil

No es lo mismo desescalar una montaña que despeñarse por ella. Y la economía española va camino de los segundo.

El desplome del 5,2% de nuestro PIB en el primer trimestre del año es solo un aperitivo de lo que está por llegar. Para el conjunto del año el Gobierno, que menospreciaba los informes de organismos como el FMI o el Banco de España, prevé una recesión del 9,2%, con un paro que se elevará hasta el 19% un déficit público de dos cifras y una deuda del 115%. Será el mayor desplome de nuestra economía en el último siglo y un desastre de dimensiones bíblicas a nivel social.

Las medidas de confinamiento servirán para contener la pandemia, pero tendrán consecuencias muy lesivas para la economía y el empleo. Dentro de unas semanas, cuando pase la crisis sanitaria, nos quedará la económica. La clave está en lo rápido que se recupere el consumo y la inversión a medida que se levanten la restricciones. Esa “nueva normalidad” que tanto anhela el Gobierno. Ante la falta de un plan para la recuperación, no tenemos mucho más a lo que agarrarnos. Sólo un calendario con el que ni los actores implicados, empresas y CCAA, están de acuerdo.

Esto solo acaba de empezar. Abróchense los arneses y apriétense los crampones. Comienza la desescalada.