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La cara oculta del oro negro

El petróleo ha demostrado que no es inmune a una pandemia

Lo hemos podido comprobar esta semana, cuando el precio de barril West Texas cotizaba por primera vez en negativo. Es la primera vez que ocurre y hay que pensar que, ante una situación excepcional, nadie resiste tal envite directo al centro del negocio. ¿Significa esto que llenaremos el depósito de gasolina más barato en nuestro día a día? Seguro que no, no se hagan ilusiones. Como consumidores, afectará poco o nada a nuestros bolsillos.

Pero su precio nos indica no sólo lo que realmente está sucediendo en la economía mundial en este momento, sino que tiene una gran influencia en lo que podría suceder en el futuro.

Por eso, lo que ha ocurrido esta semana tiene que ver mucho con el futuro.

¿Puede causar un shock mundial la caída de -37,63 dólares del barril de petróleo estadounidense?

De momento, la respuesta es no.

Pero hay un dato que muestra cómo la demanda a escala global durante el primer trimestre del año cayó 3,8 millones de barriles por día, el peor registro desde la crisis financiera de 2008.

Y la demanda viene cayendo tras la guerra de precios entre Rusia y Arabia Saudí y más tarde con México. Por eso, la Organización de Países Productores de Petróleo y aliados (OPEP+) acordaron reducir la producción en un 10% a partir de próximo mes mayo; y es, de momento, la mayor de la historia.

Y, ¿ qué ha ocurrido esta semana para que se haya producido esta caída tan pronunciada?

El petróleo se comercializa en contratos a futuro que vencen en un día determinado del mes. Quien se queda con el contrato cuando expira debe recibir el petróleo físico real. Pero una falta de capacidad de almacenamiento en EE. UU. ha hecho que los cambios habituales en el día de vencimiento de los contratos se volvieran extremos, y que los comerciantes estuviesen dispuestos a pagar con tal de no quedarse con el barril.

Son, sobretodo las grandes compañías aéreas y las empresas industriales quienes utilizan estos contratos para gestionar o proveerse frente a grandes oscilaciones en sus costes fijos.

Hay que tener en cuenta que el crudo por sí solo no tiene valor, hay que refinarlo para que obtenga valor. De ahí la importancia de buscar dónde almacenarlo hasta que pueda ser procesado.

De hecho, incluso grandes buques estarían actuando en este momento como grandes almacenes flotantes, una técnica cara a todas luces.

Todos sabemos que hay suficiente petróleo en el mundo. En consecuencia, el problema no está en la oferta, sino en la demanda y en cómo se va a recuperar después de esta crisis. ¿Qué puede ocurrir en el futuro más próximo? ¿Qué ocurrirá de nuevo en junio con esos contratos de futuros del petróleo? En circunstancias de este tipo, muchas agencias o comerciantes compran petróleo a bajo precio para esperar su subida y luego venderlo en una operación que se conoce como contango.

Pero la crisis podría ser más larga de lo que parece.

Históricamente, se ha demostrado que altos precios del petróleo pueden provocar recesiones, mientras que sus bajos precios pueden ayudar a las recuperaciones.

Hasta que esto ocurra, algunas petroleras miran ya hacia otros negocios, como en el caso de Repsol. La primera petrolera española ve como vía de escape la creación de varios parques fotovoltaicos en España con el objeto de reconvertir su negocio o diversificarlo. Además, conocíamos esta semana cómo la compañía ha puesto fin a su actividad en Venezuela para no incumplir las sanciones estadounidenses al régimen de Maduro. En este escenario y, por el momento, el negocio de Repsol apunta ahora hacia energías más verdes y sostenibles aunque también se debe tener en cuenta el impacto medioambiental que genera cualquier actividad de este tipo en el entorno.

Porque cada acción que se realice hoy debe ser responsable con la huella que dejará en el futuro; un futuro para el resto de las generaciones que aún están por venir.