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Último vuelo entre el cielo y la tierra: Boston-Madrid

Elena Fraile

Seguro que cada uno de nosotros recordamos nuestro último vuelo. Nos habíamos habituado a ellos, me refiero a los aviones, verdaderas aves de alas metálicas que nos llevaban de un lado a otro con maletas cargadas de ilusiones, escapadas para conocer otros destinos turísticos, viajes de negocios, reencuentros con amigos. A recorrer el mundo, en definitiva.

Sus estelas blancas en el cielo nos hacían pensar que eran invulnerables, pero ahora descubrimos que son vulnerables frente a una pandemia como el Coronavirus.

A nuestro propio sentimiento de no soñar y no volar se unen también el de las propias compañías aéreas, que han visto cómo sus aves de alas metálicas, sus aviones, están en tierra, confinados por las medidas tomadas para frenar la propagación, pero dispuestos de nuevo a desafiar la gravedad de la tierra para volver al cielo.

Esta es la realidad, y el sector maneja cifras extraordinariamente complejas para hacer frente a esta situación.

Las imágenes de aviones al sol en los aeropuertos reflejan el dramático descenso de los vuelos por las medidas tomadas para frenar la propagación de la pandemia, fundamentalmente por el cierre de fronteras y por las propias restricciones de vuelos interiores acordada por numerosos países.

En Europa, el tráfico aéreo es actualmente del 10% del que había el pasado año en esta misma fecha. Es decir: el resultado es una bajada del tráfico aéreo del 90%; y desde la Asociación Internacional de Transporte Aéreo, (IATA), se calcula que, a escala mundial, el descenso en el mes de abril es del 80%, el mayor registrado en toda su historia. Una paralización que ha colocado al borde de la quiebra a más de la mitad de las 290 compañías aéreas que forman parte de esta asociación por falta de liquidez para hacer frente a sus pagos.

El escenario es más sombrío de lo que parece.

Si esta situación se mantiene durante tres meses, sólo para las compañías aéreas puede suponer una caída en la facturación de unos 82.400 millones de euros, lo que pone en peligro 6,7 millones de puestos de trabajo.

En este contexto, se deben dar soluciones en los próximos meses.

La pandemia ha golpeado más a las compañías aéreas que el 11-S o la crisis de 2008. Las nacionalizaciones amenazan a un sector en barrena y la Unión Europea es probable que salga al rescate de las compañías.

En Alemania, el Gobierno negocia ya una ayuda de 10.000 millones de euros a Lufthansa; y en Italia, su Gobierno aprobó a finales de marzo la nacionalización (de nuevo) de Alitalia, que lleva esquivando la quiebra desde 2017. Ha pasado ya por distintos rescates. La que fue aerolínea de bandera del país, que está en concurso de acreedores y gestionada por una administración extraordinaria desde hace tres años, pasará a estar controlada al completo por el Ministerio de Economía. El Ejecutivo ha dejado además la puerta abierta a que puedan participar inversores privados en una segunda fase.

Y en España, seis organizaciones aeronáuticas españolas ya han enviado una carta al Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana para proponer medidas de ayuda además de pedir una reunión para la próxima semana con el ministro José Luis Ábalos.

Entre sus propuestas destacan la exención temporal de las tasas aeroportuarias, exenciones fiscales, agilizar los créditos ICO, no restringir la capacidad a bordo de los aviones, garantizando la seguridad sanitaria antes del embarque, o flexibilizar los reembolsos de la reserva de billetes, entre otras medidas.

No obstante, Iberia y Vueling, las compañías aéreas españolas pertenecientes al consorcio IAG, que incluye también a British Airways, han suscrito en las últimas horas créditos sindicados con varias entidades bancarias por valor 1.010 millones de euros (a la espera del aval del ICO), que les obliga a mantener parada la mayor parte de su flota.

Mientras, algunos fabricantes hacen de la necesidad virtud. Es el caso de Airbus que estaría trabajando ya con 20 aerolíneas para convertir aviones de pasajeros en cargueros para hacer frente de alguna manera a la crisis del sector.

¿Volveremos a estar entre la tierra y el cielo?

Seguro que sí, aunque será de forma diferente.