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Un trabajador protege una de las oficinas de Wells Fargo en Nueva York en previsión de nuevos disturbios raciales. EFE/EPA/JASON SZENES

Estados Unidos no puede respirar

Paul Mielgo

A la reapertura de Estados Unidos en medio de la doble crisis, sanitaria y económica, se añade ahora otra, la social/racial, que podría dejar sin aire a las dos primeras.

Protestas, saqueos y toques de queda recorren todo el país ante la ira que ha provocado entre la población la muerte por asfixia de George Floyd, un hombre negro de Minneapolis de 46 años desarmado, después de que un policía blanco le presionara el cuello con la rodilla durante más de 8 minutos.

Los disturbios se extienden de los Ángeles a Nueva York, de Florida a Seattle e incluso llegan a las puertas de la Casa Blanca, donde su inquilino Donald Trump ha tenido que refugiarse por un momento en un búnker subterráneo. El presidente de Estados Unidos culpa de las violentas protestas a Antifa, un movimiento de extrema izquierda que suele ser blanco de los conservadores y al que Trump quiere declarar como organización terrorista. Las violentas manifestaciones se propagan por todas las grandes ciudades del país. Son los disturbios raciales más graves que se recuerdan en Estados Unidos desde 1968, cuando Martin Luther King fue asesinado.

Algunos manifestantes han arrasado distritos comerciales y han prendido fuego a vehículos de policía y edificios municipales. El caos va en aumento mientras que la economía lucha por salir de su hibernación forzada por el coronavirus. Con más de 100.000 muertos por Covid-19 y la mayor tasa de paro desde la Gran Depresión, las escenas de estos violentos y masivos disturbios en Estados Unidos contrastan con el reciente optimismo de los mercados. El índice Standard&Poor’s 500 ha repuntado un 36% desde marzo y ha alcanzado valoraciones en máximos de 20 años. Varios líderes de Wall Street, incluidos los CEO de los grandes bancos JP Morgan y Citi, y también del gigante tecnológico Apple, han pedido a sus trabajadores que luchen contra el racismo y han condenado la brutalidad policial.

Al aceptar la nominación presidencial del Partido Republicano hace cuatro años, Trump se declaró a sí mismo el “candidato de la ley y el orden”. Ahora, en busca de un segundo mandato, el comandante en jefe vuelve a retomar esa consigna de manera desafiante, acusando a la mayoría de los gobernadores de los estados de “débiles”. Mientras tanto, el presunto nominado demócrata Joe Biden, se distancia en las encuestas de cara a las presidenciales de noviembre. Por si fuera poco, la situación se desarrolla en medio de las crecientes tensiones con China, que aprovecha la ocasión para acusar a la administración Trump de los disturbios en su propio territorio, después de ser acusada por Washington de una violenta represión en Hong Kong.